Toia vive en una casa de campesinos. Un día, descubre los restos de un viejo espantapájaros. Lo arregla y sorpresa, comprueba que le habla. Le habla de su soledad, de lo poco que le gusta asustar pájaros y también de su gran sueño: volar!
Toia se ofrece a ser su amiga y se lo lleva en casa. Al llegar se da cuenta de que, por el camino, el Espantapájaros ha perdido uno de sus brazos. A ella le sabe muy mal, pero el su amigo se resigna. Tan sólo era un fajo de paja!
Después de esta pérdida, el Espantapájaros comprensivo y generoso, permite que el hambriento Conejo se le lleve su nariz de zanahoria y también que la Cigüeña se le lleve el brazo de paja para ampliar el nido de sus pollitos. El Gato de la casa, pero, malcarado, celoso y para desembarazarse de él, lo lanza a la balsa. Pero Toia se lanza a salvarlo, en ese momento se dará cuenta de que la cabeza del Espantapájaros ha desaparecido en el fondo del agua. No puede ir por el mundo sin cabeza! Ella, desplegando la tela de su vestido, lo recompone y le hace una cara nueva.
Es entonces que, juntos, constatan que saber desprenderse de lo prescindible y saber cortar ciertos vínculos, puede a ser del todo provechoso para ganar autonomía, ampliar horizontes y dejar que el viento nos empuje a volar. Volar, volar...
Volar...!
Un espectáculo idóneo para hablar de valores como la amistad, la generosidad y no aferrarse a las cosas superfluas.
Información enviada a 6 usuarios
Publicidad