Todavía hoy, los miembros de la orquesta Buena Vista Social Club se preguntan el porqué de un fenómeno que arrastró al mundo entero al fervor por la música tradicional cubana, cuando ésta había quedado relegada al olvido hacía mucho tiempo. ¿Fue cosa del amor, la pasión, que volcaron todos y cada uno de ellos en aquel proyecto? Seguramente. I es que sólo hay que escuchar el disco homónimo de 1996 -que ha vendido más de 8 millones de copias hasta el día de hoy- o el álbum que grabaron en directo en el mítico Carnegie Hall de Nueva York en 1998 en un concierto histórico, para darse cuenta de que hay mucho respeto, entusiasmo y emoción detrás. Con las mismas energías que entonces, doce años más tarde, siguen al pie del cañón algunos de los miembros primigenios de la banda, como el genial trompetista Guajiro Mirabal, el guitarrista Manuel Galbán, el virtuoso del laúd Barbarito Torres y el director musical y trombonista Aguaje Ramos, y nuevas incorporaciones que han sabido mantener el espíritu inicial de la formación, como los cantantes Carlos Calunga e Idania Valdés o el pianista Rolando Luna. Todos ellos siguen haciendo de embajadores de la época dorada de los años 40 en Cuba, interpretando con majestuosa sinceridad sones, boleros, danzones, guajiras y otras músicas cargadas de ternura y nostalgia que, irremediablemente, nos traen a la memoria nombres como Ibrahim Ferrer, Rubén González, Compay Segundo o Cachaíto López, que dejaron una huella imborrable en la historia de la música y en el corazón de millones de personas.
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